Al sureste de la Península Ibérica, en la provincia valenciana de Alicante y mirando al Mar Mediterráneo, se encuentra la Costa Blanca. Un paraíso de playas, pueblos, castillos y maravillas naturales, que se extiende por más de 200 kilómetros de costa.

Hacia el norte, la Costa Blanca comienza aproximadamente en la ciudad de Denia, capital de la comarca alicantina de Marina Alta y situada en el extremo norte de la provincia. Situada en las cercanías del Montgó, Denia es una de los centros turísticos de la región. Desde allí y hacia el sur, se extiende una serie de localidades de diversos tamaños que hacen a la Costa Blanca uno de los puntos turísticos de mayor crecimiento en el país.

A lo largo de su extensa línea litoral, la Costa Blanca pasa por ciudades como Jávea, Altea, Benidorm, Alicante, Guardamar del Segura, hasta llegar en el extremo sur a Pilar de la Horadada, ya casi en el límite con la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia.

El turismo y la actividad inmobiliaria

A pesar de haber sido tradicionalmente una región basada en la actividad agropecuaria y pesquera, actualmente la Costa Blanca es famosa en toda Europa por el turismo. Todos los años, miles de personas llegan desde España, Europa y el resto del mundo, para pasar sus veranos en sus playas. Más de una persona ha dedicado sus ahorros de todo el año o sus ganancias jugando en Gratorama a disfrutar de su amplia oferta turística, durante el periodo estival pero también en el resto del año.

Esto ha hecho que la industria inmobiliaria crezca de manera notable en toda la región. Hoy en día, familias de diversas regiones del globo se acercan a las localidades de la zona para invertir o trabajar en la actividad. El ejemplo más característico es, por supuesto, la ciudad de Benidorm, pero todas las localidades de la región han visto un crecimiento similar en la actividad.